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martes, 6 de agosto de 2013

INGENIERIA SOCIAL







La ingeniería social es una de las técnicas de hacking más antiguas de la informática –casi tanto como la misma– con la que un “hacker” puede penetrar hasta en los sistemas más difíciles usando la vulnerabilidad más grave de todas: la humana. 

Básicamente, la ingeniería social es el arte o ciencia de conseguir que las personas cumplan los deseos de otra. No es ningún tipo de magia ni nada por el estilo, se basa en lograr que los trabajadores realicen tareas típicas de su trabajo de una manera natural, y aunque pueda parecer algo raro, ésta es una de las técnicas favoritas de los “hackers” expertos para obtener información sobre un determinado objetivo o penetrar en sistemas informáticos. 
Implica más que una simple llamada inocente con la que recabar información usando un tipo de acento vocal determinado. La ingeniería social implica una fase de trabajos a nivel más bajo (groundwork) para obtener la información necesaria, como el conocer los datos internos de una empresa o un individuo, número de servidores, cuentas bancarias, etc. Esto muchas veces se consigue entablando una conversación ridícula con las personas que tienen acceso directo a los objetivos del atacante como se analizará a continuación (la mayoría del trabajo se encuentra en la preparación y no en la acción propiamente dicha). 
Puede pensar que este post es simplemente una falsa excusa para demostrar como estas técnicas pueden ser usadas para realizar hacking, pero, en la realidad, la única forma de defenderse contra este tipo de ataques de seguridad es conociendo qué métodos pueden ser usados. Con estos conocimientos es posible prevenir brechas de seguridad antes de que nadie pueda conseguir ningún dato confidencial. 


HISTORIA DEL COMPUTADOR

Reseña Histórica

La primera máquina de calcular mecánica, un precursor del ordenador digital, fue inventada en 1642 por el matemático francés Blaise Pascal. Aquel dispositivo utilizaba una serie de ruedas de diez dientes en las que cada uno de los dientes representaba un dígito del 0 al 9. Las ruedas estaban conectadas de tal manera que podían sumarse números haciéndolas avanzar el número de dientes correcto. En 1670 el filósofo y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz perfeccionó esta máquina e inventó una que también podía multiplicar. El inventor francés Joseph Marie Jacquard, al diseñar un telar automático, utilizó delgadas placas de madera perforadas para controlar el tejido utilizado en los diseños complejos. Durante la década de 1880 el estadístico estadounidense Herman Hollerith concibió la idea de utilizar tarjetas perforadas, similares a las placas de Jacquard, para procesar datos. Hollerith consiguió compilar la información estadística destinada al censo de población de 1890 de Estados Unidos mediante la utilización de un sistema que hacía pasar tarjetas perforadas sobre contactos eléctricos.