La ingeniería social es una de las técnicas de hacking más
antiguas de la informática –casi tanto como la misma– con la que un “hacker”
puede penetrar hasta en los sistemas más difíciles usando la vulnerabilidad más
grave de todas: la humana.
Básicamente, la ingeniería social es el arte o ciencia de
conseguir que las personas cumplan los deseos de otra. No es ningún tipo de
magia ni nada por el estilo, se basa en lograr que los trabajadores realicen
tareas típicas de su trabajo de una manera natural, y aunque pueda parecer algo
raro, ésta es una de las técnicas favoritas de los “hackers” expertos para
obtener información sobre un determinado objetivo o penetrar en sistemas
informáticos.
Implica más que una simple llamada inocente con la que
recabar información usando un tipo de acento vocal determinado. La ingeniería
social implica una fase de trabajos a nivel más bajo (groundwork) para obtener
la información necesaria, como el conocer los datos internos de una empresa o
un individuo, número de servidores, cuentas bancarias, etc. Esto muchas veces
se consigue entablando una conversación ridícula con las personas que tienen
acceso directo a los objetivos del atacante como se analizará a continuación
(la mayoría del trabajo se encuentra en la preparación y no en la acción
propiamente dicha).
Puede pensar que este post es simplemente una falsa excusa
para demostrar como estas técnicas pueden ser usadas para realizar hacking,
pero, en la realidad, la única forma de defenderse contra este tipo de ataques
de seguridad es conociendo qué métodos pueden ser usados. Con estos
conocimientos es posible prevenir brechas de seguridad antes de que nadie pueda
conseguir ningún dato confidencial.
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